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Hace algunos días, publicamos en este mismo espacio un texto de reflexión sobre cómo buscar que nuestros niños no solo se contagien de la ‘fiebre’ por el golf desde muy pequeños, sino que logren conservar esa condición durante toda su vida, honrando los valores más puros que han hecho grande a nuestra disciplina desde siempre.

Enamorarse del golf es algo sensacional, así lo entienden la mayoría de padres y familiares de pequeños jugadores, reconociendo lo provechoso que resulta jugar desde cortas edades. Entonces, ¿qué se requiere para lograr que nuestros hijos se apasionen por el golf? El profesional del club Los Lagartos, Alexander Sequeda, nos comparte en esta segunda entrega algunos de sus conceptos al respecto, con base en sus experiencias:

En resumen, lo único que necesita un niño para iniciar su camino por el golf son las ganas y la convicción de sus padres que es uno de los mejores entornos para la formación de su hijo, acompañando el proceso en el que se sepa que lo primordial en principio es la diversión y la continuidad. Al cabo de un tiempo nacerá en los jugadores la necesidad de ver qué pueden llegar a hacer en un campo de golf, retándose interiormente y creando sus bases de confiabilidad.

Pero, ¿a qué edad deberían empezar los niños a entrar en contacto con el golf? Existen varias teorías al respecto, aunque sí es una realidad que los niños que tienen en casa el golf de cerca (sus padres o familiares juegan) tienen más posibilidades de encontrar más pronto su pasión por el golf.

Edades entre los cinco y siete años son ideales para iniciar la práctica del golf, dado que es en esos años en los que un niño tiene desarrollada mejor la capacidad de acatar órdenes y seguir directrices, algo clave para nuestro deporte.

Sucede con mucha frecuencia que luego de un primer contacto con el golf, algunos manifiestan no sentirse cómodos o a gusto con el deporte mismo. Si bien, la personalidad o las motivaciones de los niños son determinantes en este aspecto, a veces vale la pena analizar otras cuestiones.

En ocasiones, situaciones como un regaño injustificado, una reacción desmedida o algo similar luego de una ronda de golf o de un torneo de parte de familiares o padres de familia pueden dar al traste con el ‘enamoramiento’ hacia el golf de los niños o con la confianza misma del pequeño.

Es vital que tanto padres como entrenadores estén atentos a este tipo de alarmas porque el golf es un deporte en el cual son más las veces en las que se va a perder que a ganar y entender esta dinámica es provechoso inclusive para la vida misma. Es allí donde también el apoyo del ‘coach’, del ‘profe’ del niño resulta importante, al lograr canalizar la frustración que un mal resultado puede traer en el jugador o en su entorno y transformarlo en algo positivo.

El niño que practica y juega golf será una persona más activa y tendrá más rendimiento en las actividades de la vida cotidiana. Será una persona saludable mentalmente y a nivel intelectual también crecerá pues con el entrenamiento y el juego en el campo ira adquiriendo habilidades estratégicas con las que llegara a la resolución rápida de problemas.

Con información de Alex Sequeda, profesional de golf Club Los Lagartos

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